Muertos

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El duende tiene miedo.

De los muertos.

En el cole le cuentan que vendrán    (esta noche)
a colarse en su cama.

Sólo me sale abrazarle
y recordarle que de esos
(de nuestros muertos)
no hay que asustarse.

Serán otros los que nos roben los sueños
y nos hagan temblar

los de las pelotas de goma
que no son ninguna broma,
los de la tijera a punto de recorte

y los otros

los que pueden dejarnos sin estas cuatro paredes
en las que ahora dibuja fantasmas y calaveras.

Esos, le repito, sí dan miedo de verdad
y están vivos

(aunque no lo parezcan).

Beatrice Borgia, 31 de Octubre de 2013

PENÚLTIMO ADIÓS

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Deambulamos
y no hay camino.

Se han borrado las señales
y no existe lápida donde dejar flores.

O un aullido en blanco y negro.

Será que estos brazos anda huérfanos
del último calor antes del invierno,
el vientre escasea en la siguiente ladera

o tan sólo el gemido primitivo

donde follemos enraizados
hasta parir plumas de colores.

Donde un falo sea sólo un falo
o la puerta que dejamos entreabierta
en esta anodina maraña de gemidos.

Donde mi coño sea cuna y prado
vuelto a la tierra que le abraza
entre lombrices desnudas
y olvide

que te ha amado.

Beatrice Borgia, 29 de octubre de 2013

OLVIDO

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Yo no se de pájaros,
no conozco la historia del fuego.
Pero creo que mi soledad debería tener alas.
ALEJANDRA PIZARNIK

 

 

 

 

 

 

Dejar que el llanto rezume
entre las piernas

piel con aire

y que mi vulva se sacie
hasta exudar cada vuelo
entre absurdas consonantes.

Tal vez respirarte.

Ahogarse en las raíces
que ya no nos nombran,
inaugurar etapas de treinta gotas,
trazar la siguiente muda

y olvidarse
de olvidarte.

O apagar la noche.
Beatrice Borgia, 21 de octubre de 2013

PUEDO SENTIR

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* Inspiración-versionado del poema de amor nº 20 de Pablo Neruda.

 

 

 

 

 
Puedo sentir los besos más grises en las sombras.

Sentir, por ejemplo: “La calle está marchita,
y crepitan, de verde, los soles, en el viento”.

La alcoba del destierro danza en la tierra y gime.

Puedo sentir los besos más grises en las sombras.
Yo le supe, y a veces él también me supo.

En los confines como éste le tuve entre mis nalgas.
Le sentí tantas veces donde el suelo vencido.

Él me dijo, a veces yo también le decía.
Cómo no haber gozado sus breves manos prietas.

Puedo sentir los besos más grises en las sombras.
Pensar que no palpita. Sentir que ha amanecido.

Oír la tarde absurda, más absurda sin él.
Y el viento cae a la noche como al vientre el sentido.

Qué importa que mis versos no le alcanzaran.
La calle está marchita y él no ha amanecido.

Eso es nada. Aquí cerca alguien aguarda. Aquí cerca.
Mi vientre no se calma con haberle sentido.

Como para cercarle mis entrañas musitan.
Mi axila le anhela, y él no ha amanecido.

El mismo otoño que hace crepitar la misma arena.
Nosotros, los de siempre, nos hemos perdido.

Ya no le busco, es cierto, pero cuánto lo hice.
Mi piel buscaba el hueco donde habitar su ombligo.

En otra. Vivirá en otra. Como antes en mis besos.
Sus huellas, su luz ausente. Sus muslos marchitos.

Ya no le busco, es cierto, pero tal vez le busco.
Es tan breve el destello, y es tan largo el cuchillo.

Porque en confines como éste le tuve entre mis nalgas,
mi vientre no se calma con haberle sentido.

Aunque estos sean los últimos suspiros que él me arranca
y estos sean los últimos besos que le dedico.

Beatrice Borgia, 12 de octubre de 2013

A GOTAS

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Métemelos todos.

Porque pienso abrirme
a gotas.

Y cuando sea sólo uno
alcanzaremos formas
donde trampear:

pupilas lóbulos axilas y esternones.

Pero mételos
pausadamente.

In    tro   du   ce

o muere.

Que ando a corazón abierto
y ya las gotas se esparcen

hacia el olvido.

 

Beatrice Borgia, 11 de octubre de 2013