NO ME LLAMO NENA

no me llamo nena 2

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Es conveniente dejarlo claro.

Prefiero tumbarme en el sofá, depilarme las cejas, hacer un par de sudokus y, si nos ponemos, darme al puenting o al parapente antes que traerte un vaso de agua o recalentarte los macarrones en el microondas: el nena que sigue a cada graznido me vuelve el vello del revés y da rienda suelta a mi instinto asesino.

Además, los gritos que escuchas cuando te da por cabalgarme mientras tomas mi cabello entre tus manos y estiras con toda la fuerza de un neandertal, querido, no son de placer. No me pone lo más mínimo sentir una barra medio flácida entre las piernas a la vez que me jalean exabruptos sacados de una película porno barata y, ya que nos ponemos, he repasado unas treinta veces las juntas de las baldosas, la lista de la compra y los versos que me gustaría escribirte mientras te creías el doble de Nacho Vidal.

Y para terminar, si me pongo una falda corta o me pinto los labios de rojo pasión 297 de L´Oreal antes de salir a la calle, esto no te da derecho a asaltarme en medio del supermercado o pegarte a mi oreja en el pub de moda mientras me cuentas tu vida, obras y tragedias: el espacio vital de toda mujer es su templo sagrado y, antes de acceder a él, es preferible haber sido invitado.

Pero porque conviene aclararlo y por si aún te quedan dudas:

no me llamo nena.
Beatrice Borgia, 20 de Julio de 2014

TERCERA DIVISIÓN

niños playa gaza

 

 

 

 

 

 

El partido comienza en La Malvarrosa.

Primeros pasos de José
cortando una arrancada
por la izquierda.

El de Ruzafa promete.

Jaime
con sus once años
pierde el pase de su primo:
la puesta de sol le ha traicionado .

David recibe el balón dentro del área
avanza hacia la portería contraria
pero lo envía fuera de banda.
El benjamín del equipo
paga caro sus nueve años.

Toma el esférico Rafa y ¡gol!.

Los cuatro primos se abrazan
y carcajean sobre la arena
y ¡booooooom!

Un misil emerge del mar.

La portería desaparece junto al balón
mientras los críos corren
sin saber muy bien
hacia dónde
qué pasa
por qué.

Y todo acaba.

El segundo proyectil
siembra el paseo marítimo
de vísceras y costillas.

Cesan las carreras
frente al hotel de Las Arenas.
Pero tranquilos.

En realidad
la playa es la de Shalibat.

Los primos:
Ahed Bakir
Zakaria
Mohammad
Ghalib.

Y les tocó jugar
en tercera división.

 

Beatrice Borgia, 18 de Julio de 2014

UNA NIÑA LLORA EN GAZA

Una niña llora en Gaza
porque el agua se ha agotado.

A las seis de esta tarde

estarás chapoteando
entre patos de colores
agarrado al flotador que sostiene
tanto pelo alborotado
tanta peca entre cerezos
tanta (tantísima)
carcajada

a treinta y cinco grados.

Una niña llora en Gaza
porque ha perdido a su hermano.

Tu primo siembra marañas
para recoger alguna carrera en patín
a la sombra del tinglado
y piedra
papel
o tijera

o ven aquí
enano.

Una niña llora en Gaza
porque su madre se desangra ante sus ojos.

Cuando duermes
acaricio tus pulgares
para que sepas
que ningún monstruo
se los ha llevado.

Pero una niña llora en Gaza.


Beatrice Borgia, 17 de Julio de 2014

Palestinian girl cries during funeral in northern Gaza

SIN ESTRELLAS

llueve en gaza

 

 

 

 

 

 

 

Los niños de Gaza
temen salir de noche.

Sus madres cierran las ventanas
y cuentan tras varias sábanas
cómo mueren las estrellas
aplastando todo a su paso.

Los niños de Gaza
jamás vieron una estrella
pero dibujan espirales
nubes de colores
hexágonos
y algún pentágono

bajo los cristales.

Hasta que salen a buscarlas
y se acaban los cuentos.

Y los dibujos.

 

Beatrice Borgia, 12 de julio de 2014

SE ACABÓ

cabeza-de-arcoiris

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ya lo dijo la Jiménez
con su voz desgarrada:

se acabó.

Pero no como acaban las series
con alguna ventana entreabierta
un spin off mascándose en los platós
o el prota agonizando en un charco de sangre.

Tampoco como terminan los días de lluvia
con las nubes batidas en retirada
hasta el siguiente ciclón.

Algunas cosas suceden
y es bueno que finalicen.

De otro modo
el arcoíris (raramente)
haga acto de presencia.

Que al fin y al cabo
en algún momento
bajo cualquier concepto
y con más bien pocas ganas

habrá que tender la colada.

 

Beatrice Borgia, 7 de Julio de 2014