NUESTRAS MUERTAS

Flor en el desierto

 

 

 

 

 

 

No es cierto que el miedo asome.
Lo toma todo.

El vestido de la primera comunión
los corazones dibujados en las tapas del cuaderno
los zapatos de charol que iluminan el escaparate
las confidencias con Juanita en el cuarto de baño
(se enamoró de Daniel
el de la segunda silla
al fondo de la clase)

¡Y cómo lucen los tacones en la primera cita!

Que viene el lobo
ándate, míja
(miedo al miedo
a las esquinas
al desierto).

En la quinta duna
amanecen dos violetas
al lado de un cuaderno
con las tapas

desangradas.

Y no son nuestras muertas.

Pero sus cabezas se yerguen
donde la arena sabe a metal
y a glóbulos rojos

sus cabezas alimentan el miedo

pero también
las ganas de mascarse otro verso
y de seguir empujando paredes
hasta que asomen puertas.

Entonces
cada muerta es nuestra
como lo es cada primer beso
al borde
del

acantilado.
Beatrice Borgia, 5 de septiembre de 2014