no me sale rendirme
ni andar de puntillas:

camino descalza a menudo
por las aceras del puerto
con tres monedas
en los bolsillos
para dárselas
de comer

a las ballenas.

algunas nubes salen a saludar
y entonces tu nombre
se escurre

entre el corazón y el anular

(voy a dar buena cuenta de los finales)

Beatrice Borgia

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dos mil diecisiete

 

 

 

 

 

yo también fui la de las fotos

la que era la hostia
con un par de ovarios
en cada poema

la tan de moda
que daba asco.

fui la que se abría
en versos y bancos
a la luz de las farolas

y tampoco supe
torcer a tiempo el calendario
ante el tufo decimonónico
de las confesiones
en las barras:

reconozco
todas y cada una
de mis faltas

pero jamás entré en guerras
que no eran las mías

que una es pacifista
aunque la pongan a prueba.

y ahora
que tengo canas en el coño
que los colores son más intensos
aunque sea por el contraste
que digo gracias con cada “puta”
que me masturbo con la misoginia
de sus quiebros

(como un acto de rebeldía solitaria)

se me hace más difícil dejar de construir
el puente de la sororidad poética
donde dejemos de ser enemigas
de saltarnos los poemas y destriparnos
de escuchar sus cantos de sirenos
con su joujoujou
y la palmadita
donde las alas

por si el día
que dejes de estar de moda
decides cruzarlo

Beatrice Borgia