80

08-diciembre-1980

 

 

 

 

 

 

 

 

darle con el rabillo al vacío
que se precipita en la ternura
donde nadie se reconoce:

en la nada

en los castillos que
murieron a palo sucio

(nadie se reconoce)

último vuelo
destino a la malvarrosa:

escucha nuestra historia
no hemos muerto
aunque
nadie

se reconoce

próxima parada

 

Beatrice Borgia, 17 de febrero de 2017

No digas O

no-digas-o

 

 

 

 

 

 

no digas o

di que empezamos;

no digas or

mejor dime
lo que no debe oírse;

no digas org

y conjuga el verbo
de las noches de noviembre
donde las salas se descalzan;

no digas orga

pero entra en la tormenta
cuando los titanes alunizan
con el conocimiento comprendido
en las yemas

entre índice y corazón;

no digas orgas

no digas calma ni quietud

no nombres a los dioses
con su historia sin finales
que la bestia se quiere a ras
(y ahí lo dejo);

no digas orgasm:

dos lunas discretas
se pasean entre almohadones
tratando de alcanzar el octavo nivel
antes de que la pantalla
lance su sentencia

(game over);

pero
sobretodo
no digas orgasmo

y espera a que me escurra
en el cielo de tu boca

(si tu eres el diablo
no soy yo quien cuenta esta historia)

Beatrice Borgia, 15 de noviembre de 2016

HAMBRE Y CEBOLLA

cebolla

 

 

 

 

 

 

las manos huelen a mi abuela

con el bollo duro en la bolsa de tela
y las papas recién cortadas
boqueando en agua con sal

huelen a geranios
a agostos en el sur
a imágenes borrosas
al cantante de la guardia
pasando bajo el balcón

y a humedad;

y huelen a madre
empeñando los anillos de casada
para llegar a fin de mes

a sesenta euros en la cuenta
a grietas en la goma del frigorífico
a etiquetas amarillas con el cincuenta por ciento
a un niño haciendo deberes bajo el escritorio
a zapatillas con las suelas rotas
a tardes en el cauce del río
sentados en el suelo
con la nevera portátil
entre los pies

y la música entre los labios;

y con el olor de mi abuela
en la cuna del hambre

cierro los ojos

y sonrío

Beatrice Borgia, 20 de Octubre de 2016

ALGUNOS HOMBRES NUNCA

cocinero

 

 

 

 

 

hay hombres que nunca me querrán suya
que escucharán mis pasos en la noche
con el plumaje tomando forma
mientras Silvio acaricia su
guitarra a contraluz.

hay hombres que sabrán
ser lluvia bajo mis rizos
en un camastro oxidado
con sábanas desteñidas
deseando deshilar
cada pesadilla

con un abrazo.

hay hombres que me verán cantar
mientras pican cebollas a medianoche
sirviendo una copa de vino tinto
para naufragar en mi vientre.

por eso te repito compañero

qué suerte tuvimos al encontrarnos
y seguirnos eligiendo sin horarios

Beatrice Borgia

de príncipes y ranos

rastas-largas

 

 

 

 

 

 

 

 

en la puerta de infantil
llegaron las primeras pedradas

y no viniste a salvarme;

también en casa
el acero se aprendió el camino
desde el suelo hasta mis nalgas:
a veces hasta las escápulas
y en las peores ocasiones

se camuflaba en mis cabellos.

uno de mis novios
quiso meterla por decreto
hasta en tres ocasiones

y no viniste a salvarme;

los que le sucedieron
dejaron un atlas de cicatrices
del más alto repertorio

pero fui la más puta del reino
por cambiar de propietario.

así
aprendí a salvarme sola

con el contenedor en el portal
donde las aceras se ensucian
a razón de seis cagadas por minuto:

no me vendas más humo
que al príncipe con rastas de oro

se lo llevó el viento

a lo Scarlett O’Hara

Beatrice Borgia

 

Charlie sin

chihuahua_negro

 

 

 

 

 

 

 

Charlie tenía malas pulgas:
pero cabía en el bolsillo
de la cazadora.

Charlie sin chocolate

ni fábricas
ni hombrecillos
correteaba entre mis piernas
y las de mi hermano
ladra que te ladra
cuesta abajo.

Charlie quiso quedarse en la litera-castillo
donde los cuentos tenían siempre un final feliz

donde los cuentos
murieron la noche que descubrimos
que los perros no saben volar
y que algunos monstruos
viven demasiado cerca

para lanzar una ofrenda al cemento
desde un segundo piso

y a Charlie

se lo tragó el silencio

Beatrice Borgia

ESTOY ABAJO

vocesporlaesperanza

 

 

 

 

 

ESTOY ABAJO

con las alas de apolo desplumadas en el cuarto corte
con las bragas anudadas en el tobillo izquierdo
y tres docenas de larvas donde antes tuve pezones;

los atardeceres se presentan siempre
iguales bajo las lomas de Poleo

y aquí la dieta se reduce
a tragar una arena
que a veces se remueve
por romper la rutina

y entonces
llegan otras muertas

con mordiscos en los muslos
el coño cosido a puñaladas
la espalda cubierta de quemaduras
el libro de matemáticas entre las manos
restos de frijoles en la aorta

y su metro cincuenta prendido
de alfileres

y el desierto enrojece de vergüenza.

y sigo estando abajo

o tal vez arriba
mirándote a los ojos
para que recuerdes mi imagen

para que al acostarte aún veas mis trenzas
saltando por las calles de camino a la escuela
con los cuadernos cantando desde la mochila
y el uniforme de una maquila cualquiera:

estoy arriba
para que no me abandones

Beatrice Borgia, 6 de Octubre de 2016