al final del arcoíris

 

 

 

 

 

 

soy una mierda de poeta
y ni siquiera en esto soy original:

como mujer tengo mil defectos

cada vez soporto menos
a los impostores de medio pelo
me crujen las rodillas en las escaleras
necesito tomar vitaminas a diario
y he empezado a perder algún rizo
al tiempo que sumo algo de peso

y soy una mierda de amante

porque no sé jurar amor eterno
ni me sale quebrarme en quejíos
esperando la penúltima cita
y si no llegas a tiempo
acabo con las manos

que son las que mejor conocen
(al fin y al cabo)

pero esta mujer absurda

esta poeta con pies en la cabeza
sabrá conocerte en los silencios
y promete entregarse en la ternura
con un pacto entre guerreros
al final de arcoíris

sin grandes dramas

(y una vez más: hágase el amor)

Beatrice Borgia

 

 

 

 

 

 

no me sale rendirme
ni andar de puntillas:

camino descalza a menudo
por las aceras del puerto
con tres monedas
en los bolsillos
para dárselas
de comer

a las ballenas.

algunas nubes salen a saludar
y entonces tu nombre
se escurre

entre el corazón y el anular

(voy a dar buena cuenta de los finales)

Beatrice Borgia

dos mil diecisiete

 

 

 

 

 

yo también fui la de las fotos

la que era la hostia
con un par de ovarios
en cada poema

la tan de moda
que daba asco.

fui la que se abría
en versos y bancos
a la luz de las farolas

y tampoco supe
torcer a tiempo el calendario
ante el tufo decimonónico
de las confesiones
en las barras:

reconozco
todas y cada una
de mis faltas

pero jamás entré en guerras
que no eran las mías

que una es pacifista
aunque la pongan a prueba.

y ahora
que tengo canas en el coño
que los colores son más intensos
aunque sea por el contraste
que digo gracias con cada “puta”
que me masturbo con la misoginia
de sus quiebros

(como un acto de rebeldía solitaria)

se me hace más difícil dejar de construir
el puente de la sororidad poética
donde dejemos de ser enemigas
de saltarnos los poemas y destriparnos
de escuchar sus cantos de sirenos
con su joujoujou
y la palmadita
donde las alas

por si el día
que dejes de estar de moda
decides cruzarlo

Beatrice Borgia

Getreidegasse 9

 

 

 

 

 

 

si hubiéramos sabido
lo que ahora no tenemos:

los dieciocho vuelan rápido.

demasiados muros a la vista
a partir de las doce:

nos habríamos corrido
como animales
en las noches
de verano.

si hubiéramos sentido
el secreto de los años
que no perdonan
habríamos follado

hasta desgastarnos

hasta dejar mudas
a las putas lenguas

(empezando por las nuestras).

pero siempre me devolverás
la poesía:

hágase el amor

 

Beatrice Borgia, 13 de abril de 2017

 

hazte ver

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hay niñas con escrotos
y niños con coños de colores

hay niñas y niños
que juegan a mirarse
sin bajarse las bragas

que corren en los parques
con sangre en las rodillas
y acunan una Nancy en el balancín
mientras encaraman el balón
en el árbol más alto;

y hay niñas
y niños

que sonríen con los ojos
sin vergüenzas ajenas pintadas
bajo sus faldas

y hay niños

y hay niñas

 

Beatrice Borgia, 1 de marzo de 2017

volver

volver

 

 

 

 

 

 

volver no es fácil:

demasiado plomo en las costillas
demasiada sangre en los zapatos
y la rabia que sigue haciendo
de las suyas

pero aquí el azul:

en las baldosas amarillas
crecen tardes de piscina a cuarenta grados
con el cloro lamiendo cardenales
y una montaña con perfil humano
trata de levantarse

y volver
(aunque no es fácil)

 

Beatrice Borgia, 1 de marzo de 2017

estación de invierno

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hay mañanas
en que mis dedos
huelen a malvarrosa

en julio

y los abriles se cuelan
en el cuarto de pensar:

las nubes atraviesan
el marco de la ventana
mientras me recompongo
con la persiana a media asta

y los cristales siguen girando:

aún recuerdo
el olor de la vainilla
de las noches de invierno

y sus portales

 

Beatrice Borgia, 28 de febrero de 2017

17

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una araña se hace la muerta:
entonces descubres
que sigues vivo

que las muertes fueron otras
y siempre llega
el tiempo de
las voces
en off

(la araña se esconde)

 

Beatrice Borgia, 26 de febrero de 2017

la locura

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la locura

no son los cuarenta sin un euro
ni el odio hecho cáncer

no llega en las voces de tu cabeza
en las visitas de los viernes
en el litio y la risperidona
ni siquiera en las horas
que perdimos:

la locura llega siempre

en cómplices de mirada estrábica
en los trileros del victimismo más chusco

donde ponerse la piel de cordero
sobre los puños manchados de sangre
sigue saliendo gratis:

y la locura dormita en el destierro
de dos niños demasiado cansados

de tener miedo

 

Beatrice Borgia, 25 de febrero de 2017